Lo que podía imitar - Capítulo 12: ¿Misión cumplida?
Es lunes por la mañana y están preparando la mesa para servir el desayuno. El día anterior lo pasaron relajadamente en casa y al ver las plantas notaron que había más brotes que antes. Una vez sentados, comen manteniendo conversaciones mínimas y solo se explayan más durante la sobremesa. Son temas mundanos, pero se toman en serio la estimulación social de su hijo y esta es una de las instancias que aprovechan para ello. Su padre se despide para ir al trabajo y un tiempo después es turno del niño de ir a la escuela, acompañado por su madre. No sin antes revisar que trae todo lo que tiene que llevar en su mochila.
Llegan un poco antes de la hora de entrada y esperan unos minutos a que venga el resto de las familias. Los padres intercambian saludos cordiales y sus respectivos hijos los imitan. Entre ellos estaba el pequeño extrovertido con el que interactúa regularmente y que saluda con energía a todos los presentes. También se encuentra el resto de los infantes que fueron al reciente cumpleaños, incluido el entonces festejado, quienes saludan a su manera.
Esta breve reunión es algo recurrente que ocurre de forma natural, como consecuencia de que las familias llegan generalmente a la misma hora y algunas prefieren esperar un rato sentados en los bancos que hay en las inmediaciones del edificio. Sin embargo, esta es su primera vez participando de esta improvisada situación social. Esto debido a que viven lo suficientemente cerca como para ir caminando y pretender llegar justo antes de la hora indicada.
No obstante, en esta ocasión la madre quiso hacer uso de este evento diario para interactuar un poco con el resto de los apoderados y que su hijo pueda saludar a sus compañeros de clase, o al menos a aquellos con los que se encontró en la fiesta de anteayer.
Se alegra al presenciar que responde adecuadamente los saludos e incluso dice «hola» a aquellos que no se atreven a tomar la iniciativa. Esto último la tomó por sorpresa, pues no había visto ese comportamiento en él. Lo que es más, no parece estar haciendo un esfuerzo adicional por hacerlo.
Ciertamente, hasta ahora el niño se había limitado a saludar como respuesta ante el saludo de otra persona, de manera que no iniciaría una conversación si no tuviera un motivo para ello. Esto es debido a que ha visto a muchos infantes como él, quienes tampoco lo hacen. En conclusión, hasta ahora no lo había interiorizado como una costumbre social.
Pero ahora se ha generado una ligera diferencia en su infantil proceso de pensamiento, como consecuencia de hechos puntuales. El primero fue que sus padres le remarcaron la importancia de saludar a las personas cuando se hace una visita. Esto por sí solo no habría sido suficiente para que comenzara a saludar a las personas de forma proactiva. No obstante, hay otro factor clave en esto. La observación de las reacciones de sus padres cuando lo ven hacerlo de forma correcta.
El inexpresivo y observador niño se da cuenta de que hacen expresiones satisfechas o incluso felices cuando lo ven interactuar con otros pequeños de su edad. Se fija además en que esto ocurre también cuando cumple con sus instrucciones o sugerencias. No por un cálculo consciente, sino que su mente asocia de forma intuitiva las acciones y comportamientos que generan la mencionada respuesta en sus padres.
Por supuesto, ni siquiera su subconsciente podría determinar el motivo por el cual quiere cumplir con las expectativas de sus padres y alegrarlos. Eso ya entraría en el ámbito de la biología o la psicología y podría estar relacionado con la búsqueda de encajar en la sociedad denominada «familia», tratando de obtener el afecto de las personas en quienes depende para su supervivencia. Sin embargo, puede sonar frío pensarlo de esta forma, por lo que en su lugar es mejor pensarlo como el deseo de querer hacer felices a las personas que son importantes para uno.
Una vez comenzada la primera clase, esta transcurre sin cambios remarcables. No así en el caso del subsecuente recreo, donde ha ocurrido un pequeño pero significativo cambio, esto es, ahora hay más compañeros de curso que se le acercan para interactuar. Es de esperarse que aquellos dos con los que jugó en la reciente fiesta de cumpleaños estuvieran dispuestos a pasar tiempo del receso con él. Pero no son solo ellos, sino que también es el caso de otros niños.
El motivo es sencillo, a saber, intercambiaron saludos al encontrarse mientras esperaban con sus familias a que fuera la hora de entrar a clases. Puede sonar como algo trivial, pero muchos infantes pueden sentir renuencia a hablar con alguien cuya expresión no comprenden, sobre todo porque este no se aproxima a ellos por su cuenta. Por supuesto que siempre hay excepciones, como el caso del pequeño extrovertido que no se intimida por su rostro o aquel que parece no prestar atención, por estar compartiendo su afición.
Además, dicha situación solo fue posible gracias a la presencia de las familias de cada uno. Es debido a esto que en ese momento se sintieron más proclives a decir «hola» al niño inexpresivo, mientras que incluso los más tímidos pudieron al menos contestar cuando este se dirigió a ellos.
Ni siquiera fue algo que sus respectivos padres tuvieran que decirles, pues entienden en algún grado el hecho de que es algo positivo que se saluden al encontrarse. Por lo tanto, al sentirse seguros junto a ellos, la incomodidad que normalmente sienten sobre él fue menor que su deseo de cumplir con las expectativas sociales o en algunos casos, sencillamente fue mayor la curiosidad por lo desconocido.
Sea como fuese, el hecho es que en los dos recreos que tiene su jornada escolar, tuvo la oportunidad de interactuar con varios otros compañeros con quienes no había hablado antes. Ampliando su círculo de amistades y uniéndose a distintos grupos de juego. Finalmente llega la última clase del día, la cual comienza con la profesora diciéndole a sus estudiantes que les recuerden a sus padres acerca de la reunión de apoderados que está fijada para este miércoles.
Naturalmente, no espera en realidad que todos pasen el mensaje como corresponde. Es más, seguramente la mayoría no lo hará. Después de todo, su capacidad de retención aún está en desarrollo y es todo un desafío pasar información sin algo tangible como medio. Pero no importa, porque cada familia tiene un calendario con las fechas importantes del año escolar, incluyendo las reuniones.
Para empezar, en ese caso bien podría haberlo hecho al final de la clase, con el fin de que fuera más probable que se acuerden hasta que vengan a buscarlos. No obstante, el propósito no es que den la información, sino más bien que hagan el esfuerzo, buscando promover un sentido de responsabilidad al asignarles tareas que cumplir. Además, aunque probablemente no cumplan con el cometido, el mero hecho de intentarlo sirve como ejercicio para sus mentes.
Como era de esperar, para cuando llegaron sus padres a buscarlos, la mayoría había olvidado por completo que tenían que entregar un mensaje. Otro grupo tampoco pudo cumplir con la asignación, pero tenían la impresión de que había algo que tenían que hacer. Por otro lado, solo un grupo minoritario tuvo la capacidad de retención suficiente para entregar adecuadamente el mensaje, o al menos la idea de que iba a ocurrir una reunión de apoderados.
Fue el caso del pequeño inexpresivo, quien, con su seriedad característica, había estado repitiendo en su mente «reunión». Puesto que así le había enseñado su madre a decir «feliz cumpleaños» hace unos días. De manera que cuando ella vino a llevárselo a casa, antes de que siquiera le dieran la mano, dijo: «Pasado mañana, reunión de apoderados.
Lo que había estado repitiendo hasta ese momento era solo la palabra «reunión», pero esta activó su memoria y pudo rescatar de esta lo esencial. Fue un trabajo bien hecho y luego de escuchar un «gracias por avisarme» por parte de su madre, tomó su mano para dirigirse a su hogar.
Esta encantadora escena tuvo lugar en la entrada de la escuela, a la vista del resto de familias. Aquellos niños que estaban más cerca pudieron escuchar el intercambio ocurrido y las palabras del pequeño inexpresivo les recuerdan las instrucciones de su profesora y hacen saber a sus respectivos padres sobre la reunión de apoderados. A su vez, son escuchados por otros compañeros y como si se tratase de una onda que se expande, el resto también cumple su cometido.
Un resultado inesperado del que no es consciente y simplemente habla con su madre respecto de las actividades que hizo en la escuela. Ella lo escucha con calma, disfrutando como siempre de esta interacción. Al igual que en cada ocasión, lo que cuenta suena más bien como una lista de sucesos que como un relato, pero piensa que es adorable incluso si suena ensayado.
Aunque hay algo que llama su atención para bien. Su hijo menciona haber jugado con más compañeros que de costumbre. No dio más detalles al respecto, pero solo eso bastó para entrar en un humor más alegre que de costumbre, con una clara y honesta sonrisa. Por supuesto, no hay manera de que el observador niño se pierda la expresión en su rostro y en base a esto y otras experiencias previas, llega a la conclusión de que es bueno jugar con otros niños.
Finalmente están en casa y poco después llega su padre. El niño repite lo que dijo con anterioridad a su madre sobre la reunión de apoderados y lo que hizo en el colegio. Exactamente lo mismo, palabra por palabra. Le responden con un ligero agradecimiento por pasar el mensaje de su profesora y se sientan a la mesa para almorzar.
Después de eso se dirigen a ver las plantas y se encuentran con que han brotado el resto de las semillas. Entonces su hijo lleva a cabo el procedimiento de siempre para regar cada una de las flores y brotes. Mientras tanto, los padres recuerdan que habían plantado semillas en grupos de tres, para asegurarse de que germinara al menos una de ellas. Por ello es que ahora que han brotado todas, uno de ellos rebusca en sus apuntes para saber lo que tienen que hacer a continuación.
Para entonces el niño ha terminado con el último brote y mira a sus padres, quienes le dicen que a partir de mañana debe estar atento para ver si hay hojas en los tallos. De esta manera, se ha agregado una nueva tarea en la rutina de cuidado del jardín…
…"
--Continúa leyendo y disfruta de más textos en su idioma original en https://fictograma.com/ . Únete a nuestra comunidad literaria de código abierto–


