Hace tres años, cuando el mundo era como todos lo conocíamos… cuando la felicidad abundaba y todo parecía estar en su lugar.
Era un domingo cualquiera, la alarma sonó a las 8:00 a. m., rompiendo el silencio de la mañana, una almohada voló por la habitación y aterrizó de lleno en el rostro de Jack. Sobresaltado, saltó de la cama.
—Apaga tu alarma, idiota, es domingo —gruñó Jake desde su cama.
Jack apagó el teléfono sin decir nada y le lanzó una mirada cargada de odio. Volvió a recostarse, decidido a seguir durmiendo.
La puerta se abrió de golpe, la luz inundó la habitación.
—Es hora de levantarse, dormilones. Dijimos que hoy saldríamos todos —anunció Elizabeth.
Ambos la miraron con evidente desagrado, pero sabían que resistirse era inútil.
Minutos después, ya despiertos, fueron a la cocina, allí estaban todos, Eran cinco amigos viviendo bajo el mismo techo. No tenían familia, o al menos no una tradicional. Ellos eran su propia familia. Y sobrevivían juntos, como podían.
—Ya era hora de que se levantaran —dijo Jane, mostrándole el dedo del medio a Jack.
Jack respondió con la misma seña y sacó la lengua.
Jane era la menor del grupo y hermana de Elizabeth. Tenía 18 años: baja, delgada, de cabello oscuro y lacio. No todos la soportaban, pero todos la querían.
—Pensé que no se levantarían nunca —añadió Drake con una sonrisa burlona.
Drake era el pilar del grupo. Tenía 26 años, alto, delgado, de cabello rubio dorado. Parecía bueno en todo… y casi siempre lo era.
—Les hice el desayuno —dijo Elizabeth mientras dejaba los platos sobre la mesa.
—Muchas gracias —respondieron Jake y Jack al unísono.
Elizabeth era el corazón del hogar: cálida, cariñosa, aunque a veces explosiva, especialmente con Jack, cuyo desorden la desesperaba, tenía 22 años, la misma edad que él. Medía 1,60, era delgada, de piel clara, con unos rulos castaño, que parecían caer como caricias sobre su rostro y una sonrisa capaz de mejorar cualquier día, Jack llevaba años enamorado de ella y llevaba los mismos años sin atreverse a decirlo.
—Bueno, a comer, hermanito —dijo Jake mientras empezaba.
Jake, el hermano mayor de Jack, era más alto que él. Su bondad hacía que cualquiera lo apreciara. Era capaz de arriesgar su vida por los demás, especialmente por su familia.
Los cinco comían, reían y disfrutaban el momento, más que una familia común, eran algo más fuerte, en la televisión, un noticiero mostraba imágenes confusas: evacuaciones, humo elevándose sobre ciudades lejanas, hospitales colapsados, personas corriendo, el volumen estaba bajo, nadie prestó atención, ocurriendo al otro lado del mundo, no parecía motivo de preocupación. Además, tenían planes y pensaban cumplirlos, Drake se levantó.
—Bueno, chicos… es hora de movernos. Se nos hace tarde.
Treinta minutos después, ya listos, salieron rumbo al cerro cercano que solían visitar los fines de semana.
El sendero estaba rodeado de vegetación espesa y el aire era fresco. El lugar estaba lo suficientemente alejado como para olvidar el ruido del mundo, tardaban cerca de dos horas en llegar a la cima y eso era precisamente lo que les gustaba, allí podían ser libres.
Jack caminaba jadeando.
—¿Cuánto falta? Estoy por morir.
Jake rió.
—Dale, hermanito. No puedes rendirte aún.
—Ya falta poco —agregó Drake desde adelante.
Elizabeth se acercó a Jack y le ofreció agua, él bebió agradecido.
—Gracias.
Ella le regaló una sonrisa y continuó caminando.
Mientras ascendían, una bandada de aves cruzó el cielo de forma repentina, alejándose hacia el sur.
Drake las observó por un instante, no dijo nada.
Cuarenta minutos después, alcanzaron la cima, el paisaje era imponente, el viento recorría la colina con suavidad, llevando consigo el aroma puro de la naturaleza. No había ruidos de motores, ni sirenas, ni voces lejanas, solo el susurro del mundo natural, instalaron sus cosas, encendieron una fogata y se sentaron alrededor, la brisa acariciaba sus rostros, el cielo estaba despejado, por un momento, el mundo parecía perfecto, a lo lejos, casi imperceptible, se escuchó el eco distante de un helicóptero, nadie pareció notarlo.
Todo era risas y momentos geniales. Todo estaba bien, Jack, en silencio, observaba a los demás y deseaba poder quedarse en ese instante para siempre. Los jóvenes comieron unas hamburguesas hechas en una pequeña parrilla que Drake había llevado. Él mismo las cocinó y, como siempre, estaban deliciosas, todo era felicidad.
Cuando llegó la noche, Jack, incapaz de dormir, salió de su carpa y caminó hacia un costado de la montaña. Había una roca que sobresalía; desde allí se podía ver la ciudad a lo lejos, cuando estaba por llegar, notó la presencia de alguien, era Elizabeth, mirando el horizonte.
—Hola, ¿puedo acompañarte? —preguntó Jack con timidez.
—Claro que puedes —respondió ella con una sonrisa.
Jack se sentó a su lado, la brisa era perfecta. El paisaje, aún mejor, ninguno decía nada, Elizabeth contemplaba la inmensidad verde y, al fondo, la ciudad iluminada, Jack, en cambio, no miraba el paisaje, solo la miraba a ella, era mucho más hermosa que cualquier vista, de pronto, un estruendo lejano rompió el silencio, Jack giró hacia la ciudad, una explosión iluminó el horizonte.
—¡¿Qué carajos fue eso?! —gritó.
Elizabeth no pudo decir nada. Solo observaba, intentando comprender lo que veía.
Segundos después, los demás llegaron alarmados.
—¿Qué fue eso? —preguntó Drake.
—Fue una explosión. Vino de la ciudad —respondió Jack.
—Eso es imposible. Seguro estás fantaseando, como siempre —dijo Jane en tono burlón.
Jack la fulminó con la mirada, pero antes de responder, Elizabeth habló:
—Es verdad. Fue una explosión… y sucedió en la ciudad.
El grupo quedó en silencio, nadie entendía nada, el viento soplaba entre ellos mientras observaban las luces lejanas, finalmente, Drake habló:
—Seguro fue una gasolinera. Es una desgracia… pero puede suceder.
—Ojalá nadie haya resultado herido —añadió Jake.
Drake suspiró.
—Vamos a dormir. Dejemos de pensar en esto.
Todos regresaron a las carpas, excepto Jack y Elizabeth, se quedaron mirando la ciudad, perdidos en sus pensamientos, Jack se levantó.
—Vamos, es tarde. Deberíamos dormir.
Elizabeth asintió, ambos regresaron en silencio.
A la mañana siguiente, los jóvenes recogieron sus cosas y comenzaron el descenso, dos horas después llegaron al lugar donde habían dejado el auto. Subieron y emprendieron el regreso a la ciudad, Jane notó que no tenía señal en el teléfono, le pareció extraño, pero no dijo nada. En la carretera había muy poco tránsito, demasiado poco, todos seguían pensando en la explosión, aunque nadie quería mencionarla, entonces vieron autos abandonados al costado del camino, el grupo quedó en silencio, más adelante, una persona yacía en el suelo, Drake detuvo el vehículo de inmediato y bajó. Jake lo siguió, los demás observaron desde el auto.
Al acercarse, notaron un líquido verdoso saliendo de la boca del hombre.
—¿Qué demonios es eso? —murmuró Drake.
Jake se agachó e intentó hacerlo reaccionar.
Tenía pulso.
Estaba vivo.
Jake se levantó para decir algo…
Y entonces ocurrió, el hombre se incorporó de golpe y se lanzó contra él, Jake logró esquivarlo, la persona volvió a abalanzarse, gruñendo, Drake le propinó una patada que lo derribó.
—¡Al auto, ahora! —gritó.
Ambos corrieron.
La figura se levantó y comenzó a perseguirlos con una velocidad antinatural, entraron al vehículo justo cuando la criatura golpeaba los vidrios con furia, Drake arrancó y aceleró a toda velocidad.
—¿Qué demonios fue eso? —gritó Jake.
—No lo sé, pero algo no está bien —respondió Drake.
El resto permanecía en silencio, paralizado por el miedo.
Hasta que Jack habló:
—¿Y si tiene que ver con lo de anoche?
Nadie respondió.
Pero todos pensaban lo mismo.
Al acercarse a la ciudad, el caos era evidente, personas corrían desesperadas, otras perseguían con violencia, había vehículos destruidos, sirenas, gritos, policías intentando contener lo imposible.
Nadie entendía qué estaba sucediendo.
—¡Drake, cuidado! —gritó Jane.
Una persona se lanzó frente al vehículo, Drake maniobró para esquivarla, pero perdió el control, el auto se estrelló contra un poste. Intentó encenderlo, nada, el motor había muerto, todos descendieron, aterrados.
—No se separen, ni un centímetro —ordenó Drake.
Avanzaron juntos.
Entonces Jake lo vio:
un grupo de personas con baba verdosa cayendo de sus bocas.
—Debemos escondernos, ¡rápido!
Las figuras los vieron y comenzaron a correr hacia ellos, el grupo huyó, no había tiempo para mirar atrás, eran demasiado rápidos.
Jack divisó un almacén abierto.
—¡Allí!
Corrieron y entraron justo a tiempo.
Drake y Jake bloquearon la puerta mientras las criaturas golpeaban con violencia, la madera crujía, no resistiría mucho.
Jake miró alrededor, había una ventana trasera, pero alguien debía sostener la puerta.
Sus ojos se cruzaron con los de Drake.
—Debe haber otra manera, no te dejaré hacerlo —susurró Drake.
—No la hay. Por favor, cuida de todos, especialmente de mi hermanito. No serían nada sin ti.
Jack los observaba, confundido.
Drake ordenó:
—¡Salgan por la ventana, uno por uno!
Jane primero.
Luego Elizabeth.
Llegó el turno de Jack.
Dudó.
Algo dentro de él gritaba que algo estaba mal, pero aun así salió.
Era e turno de Drake, antes de irse, dejó caer lágrimas silenciosas.
—Tranquilo, todo estará bien. Mientras estés a su lado, nada malo sucederá —dijo Jake con una sonrisa.
Le entregó su collar.
—Dáselo a Jack.
—Nunca te olvidaré, amigo —susurró Drake.
Antes de cruzar, miró una última vez.
Jake sonreía, en paz, feliz de dar su vida por los demás, siempre había puesto al grupo antes que a sí mismo.
Drake cruzó la ventana y corrió hacia los demás, Cuando llegó, todos lo miraron.
—¿Dónde está mi hermano? —preguntó Jack.
Drake no respondió.
Solo le entregó el collar.
Jack lo tomó, sus manos temblaban, era el collar de Jake, sus ojos se llenaron de lágrimas.
Ya lo sabía, aunque no quería aceptarlo, no podía creerlo, no podía abandonarlo.
Y aun así, sabía lo que significaba…
…"
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