ADVERBIOS Y PREPOSICIONES
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aquí, ahí, allí / acá, allá. El uso de los adverbios terminados en -í (aquí, ahí, allí) o en -á (acá, allá) depende del área geográfica, pero también de su interpretación semántica. En el español de España se usan más los adverbios terminados en -í en situaciones neutras (como en Estoy aquí), y se reservan las formas en -á para las localizaciones poco precisas, a menudo con las preposiciones hacia o para: Fue para allá, Ven hacia acá… (en estos casos puede ser menos normal, pero no es necesariamente incorrecto, el uso de las formas en -í: Fue para allí a ver qué pasaba, Vienen hacia aquí). En muchas áreas del español americano es más frecuente el uso de las formas en -á en contextos neutros: Vive allá hace años. Las formas en -á admiten gradación en todas las áreas lingüísticas (más acá, muy allá), mientras que las formas en -í la suelen rechazar.
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detrás de mí, no detrás mío, pero a mi lado / al lado mío / al lado de mí. Las combinaciones del tipo de detrás suyo, delante mío, encima nuestro, etc., no se han integrado todavía en la lengua culta general, por lo que es preferible evitarlas y usar en su lugar las variantes con la preposición de: detrás de ella, delante de mí, encima de nosotros, etc. Las expresiones con posesivos femeninos (Udetrás suya, Udelante mía, Uencima nuestra) están más desprestigiadas, por lo que no se deben usar. Por el contrario, en los casos en los que es posible la combinación con posesivos antepuestos como mi, tu, su, etc., se admiten los posesivos pospuestos. Así, es posible decir a mi lado, al lado mío, al lado de mí; a tu derecha, a la derecha tuya, a la derecha de ti; de su parte, de parte suya, de parte de ella; por tu culpa, por culpa tuya, por culpa de ti; a su favor, a favor suyo, a favor de ellos; en tu contra, en contra tuya, en contra de ti; a su través, a través suyo, a través de él; a mi alrededor, alrededor mío, alrededor de mí.
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subir arriba, salir fuera… A pesar de que construcciones como subir arriba, bajar abajo, entrar dentro o salir fuera pueden resultar redundantes, la información que aportan los adverbios suele ser necesaria, por lo que en esos casos se consideran construcciones válidas: Cuando subas arriba, llévate la almohada; Está prohibido salir fuera por la noche.
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Umás antes, Umuy peor. Las palabras que son en sí mismas comparativas no admiten los adverbios de grado más, menos, tan o muy: Umás antes, Umuy peor, Umás peor, Umenos mejor, etc. Esta combinación solo es posible cuando estas palabras no se comportan realmente como comparativos, como en Mi tío ya está muy mayor o Cuando seas más mayor, podrás hacerlo (➤ GLOSARIO).
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muy espléndido, preciosísimo. Tampoco suelen aceptar la combinación con más o menos las palabras que expresan grado extremo, como magnífico, espléndido, horroroso, excepcional, terrorífico, interesantísimo, superinteresante, paupérrimo, requetebueno. No obstante, en el contexto adecuado, la combinación puede ser posible: No es solo espléndido, es muy espléndido… También son normales y se pueden considerar válidas en el registro coloquial expresiones algo redundantes pero enfáticas del tipo de preciosísimo, tremendísimo o maravillosísimo.
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Me encanta muchísimo. Algo similar ocurre con verbos del tipo de encantar, que suelen rechazar la combinación con elementos como mucho, pero pueden aceptarla en contextos muy expresivos: Me encanta muchísimo.
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muy completo, totalmente lleno. Elementos como completo, perfecto o lleno pueden graduarse si aparecen en contextos en los que no necesariamente se interpreta que se alcance totalmente la propiedad, o para enfatizarla: El teatro está casi completo; Es aún más perfecta de lo que me imaginaba; Las gradas están totalmente llenas; Es completamente gratis.
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Uso reiterado de adverbios en -mente. El uso de los adverbios en mente como lentamente o cortésmente en lugar de alternativas como de manera lenta o de modo cortés está sujeto a preferencias estilísticas, tanto cuando hacen referencia al modo en que se lleva a cabo una acción como cuando muestran la postura del hablante ante lo dicho, entre otros muchos usos. Aunque su empleo es totalmente válido, se recomienda en general no acumularlos en un mismo texto.
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Interpretación de las preposiciones. Las preposiciones pueden adquirir muy diversas interpretaciones según el contexto. Así, por ejemplo, en vaso de agua la preposición de no implica que el vaso esté hecho de agua como está hecha de madera una mesa de madera, por lo que no es necesario usar vaso con agua para referirse al vaso que la contiene. De igual manera, con sentarse en la mesa no se entiende necesariamente que haya que hacerlo encima de la mesa, pues en no solo significa ‘sobre’.
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temas a tratar, pero Uladrillos a poner. Construcciones como temas a tratar son relativamente comunes en el lenguaje económico y administrativo y se consideran aceptables: los temas a tratar, las cantidades a ingresar, los problemas a resolver, un ejemplo a seguir, las tareas a realizar. No obstante, se recomienda evitar la construcción fuera de estos usos asentados. Así, en lugar de UTenemos asuntos a tratar, se recomienda Tenemos asuntos que tratar, y en vez de ULos ladrillos a poner están en el almacén se sugiere Los ladrillos que tenemos/hay que poner están en el almacén.
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de entre, por sobre… Las preposiciones pueden aparecer contiguas en español en no pocos casos: Salió de entre las ramas; Me pasó por entre las piernas; La miró por sobre el hombro; Fue a por agua; Ten caridad para con el pobre; Nos pusieron en grupos de a cuatro… Hay algunos contextos propicios para estas combinaciones:
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además de en su casa. Cuando una preposición se combina con una expresión encabezada a su vez por preposición: Lo quitó de en medio; Además de en su casa, estudia en la biblioteca; Aparte de con su hermano, suele salir con amigos.
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depende de con quién hables. Cuando una preposición se combina con una interrogativa indirecta encabezada a su vez por preposición en casos como Está hablando de a qué país se va de vacaciones; Todo depende de con quién hables. En estos casos la preposición no puede ser la misma: UEso depende de de quién quieras hablar. Para evitarlo, se recomienda no recurrir a la reducción a una preposición (UEso depende de quién quieras hablar), sino optar por otras construcciones: Eso depende de quién sea la persona de la que quieras hablar.
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de allí, por debajo, Ua allí. Es correcta la combinación de preposiciones con adverbios de lugar: de allí, por debajo, etc. No es correcto, en cambio, el uso de a delante de adverbios que ya indican dirección: Voy allí, no UVoy a allí; Fueron abajo, no UFueron a abajo.
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al y del. El español actual solo cuenta con las contracciones al (‘a + el’) y del (‘de + el’). Se debe evitar el uso de otras contracciones gráficas que no se asentaron en español a pesar de que puedan darse en la pronunciación: Uquel, Uentrel, etc. Aun así, en los textos literarios que desean reproducir con exactitud la lengua popular es posible emplear otras contracciones, como en Vamos pal bar. Sobre los casos en los que a y de pueden aparecer separadas del artículo el, ➤ O-189.
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del del. Puede repetirse la contracción del en casos como El hijo del del bigote es filólogo; La voz del del abrigo azul me recuerda a la de mi hermano. Por razones de eficacia comunicativa se recomienda no abusar de esta estructura, y evitar el uso consecutivo de más de dos contracciones (como al del del ), así como la alternancia de varias de ellas con otras combinaciones similares de artículo y preposición (como del de la del; del de la de la, etc.): UNo me gusta el tamaño de la letra de los titulares de este periódico ni el de la de los de los demás diarios deportivos.
ARTÍCULOS Y OTROS DETERMINANTES
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el agua. Aunque en general se usa el artículo el con nombres masculinos (el perro, el abrigo) y el artículo la con nombres femeninos (la oveja, la almohada), es posible utilizar la forma el (apócope del antiguo ela) con nombres femeninos que comienzan por /a/ tónica: el agua, el hacha, el aula, el acta, el águila, el alma, el arma, el área, el hambre.
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esta agua, mucha agua. Como los nombres siguen siendo femeninos, la concordancia con los adjetivos se establece en femenino: el agua fría. Los determinantes que no sean susceptibles de apócope se usarán en femenino con estos nombres: esta agua, aquella agua, mucha agua, nuestra agua, cuánta agua, la otra agua, toda el agua, no Ueste agua, Ucuánto agua, Umucho agua, etc. Se apocopan, en cambio, una, alguna y ninguna: un aula, algún aula, ningún aula (opciones preferibles a una aula, alguna aula, ninguna aula).
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las aguas turbias. El femenino de estos nombres se manifiesta también en el plural (las aguas), en los adjetivos (aguas turbias) y en la concordancia con otras palabras (el agua con la que…).
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la misma agua. Se emplea el artículo la ante nombres femeninos que comienzan por /a/ tónica cuando van precedidos de un adjetivo: la fría agua, la misma agua (no Uel frío agua o Uel mismo agua), frente a el agua fría o el agua misma. Esta regla no se modifica cuando el adjetivo empieza por /a/ tónica: la álgida agua; la ágil ala. Así, se empleará el alta médica (‘autorización médica’, donde alta es nombre) y la alta médica (‘la mujer médica alta’, donde alta es adjetivo).
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la almohada. Se usa la ante los demás nombres femeninos (la pierna, la ventana, la idea), también con los que empiezan por /a/ átona: la arena, la almohada, la autoestima, la agüita y la alita.
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Se usa excepcionalmente la con nombres que empiezan por /a/ tónica en el caso de las letras (la a, la hache, la alfa…), algunas siglas (la AMPA, no Uel AMPA, por Asociación de Madres y Padres de Alumnos), los nombres propios femeninos (la Ana de siempre) o algunos sustantivos usados modernamente en femenino (la árbitra).
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la María. Lo normal en la lengua culta es usar los nombres propios de persona sin artículo: Vino Juan. No obstante, en la lengua coloquial de algunas zonas, como Chile, algunas provincias argentinas, ciertas regiones centroamericanas y algunas zonas españolas de influencia catalana, es posible anteponer el artículo, sobre todo ante nombres femeninos (la María). Fuera de estos casos, el artículo ante nombres propios puede llegar a adquirir un sentido despectivo. Aunque el artículo se usó de esa manera antepuesto a apellidos de mujeres célebres (la Pardo Bazán, la Pinal), se recomienda evitarlo también hoy en esos casos. Como es lógico, el uso del artículo puede estar justificado cuando los nombres propios se emplean como comunes, como en No recuerdo a todas las Isabeles con las que me he encontrado.
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El Cairo, (el) Perú, el Bierzo. En algunos topónimos el artículo determinado, que se escribe en mayúscula (➤ O-196), no se puede omitir, como ocurre en El Cairo, La Habana, La Paz, Las Palmas o El Salvador. En otros casos el artículo es opcional, como en (el ) Perú o (los) Estados Unidos, y en otros es necesario, pero no forma parte del nombre, como en el Pacífico o el Bierzo.
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(el) Carrefour. El artículo suele ser innecesario ante los nombres de establecimientos públicos (Voy a Carrefour), pero es habitual usarlo en la lengua coloquial (Voy al Carrefour). También resulta más propio de la lengua coloquial el uso del artículo ante nombres de empresas (incluidas las denominadas con siglas), marcas y otras entidades comerciales: (el) Facebook, (la) Wikipedia, (la) Fundéu. En algunos de estos casos, el uso del artículo suele expresar familiaridad o cercanía con respecto a lo nombrado. Sobre el género de estos nombres, ➤ G-13.
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en (el) 2018. Los números que expresan año pueden usarse sin artículo en casos como 2005 fue un buen año para las cosechas o 1992 nos pilló desprevenidos. Aunque en las cartas es normal y recomendable prescindir del artículo (Madrid, 29 de enero de 2018), en otros contextos es opcional emplear el artículo delante del año 2000 y años sucesivos: en (el) 2018. Con el resto de los años, lo más normal y recomendable es prescindir del artículo en los que van de 1101 a 1999 (Los hechos ocurrieron en 1984, mejor que … en el 1984) y emplear el artículo en los que van del 1 al 1100 (Nació en el 712, mejor que … en 712). Cuando se acortan los años o se utiliza la palabra año, se debe anteponer el artículo: en el 92, en el año 1984.
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la mayoría de las personas. Aunque es frecuente, se recomienda evitar la omisión del artículo en el complemento con de de mayoría, mayor parte, resto, mitad o tercio. Se dirá, pues, la mayoría de las personas que asistieron, en lugar de Ula mayoría de personas que asistieron. Se prescinde, en cambio, del artículo en las construcciones del tipo de infinidad de libros, multitud de ocasiones.
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el 75 %. Se recomienda mantener el artículo ante los términos que designan porcentajes: El 75 % votó en contra, mejor que 75 % votó en contra (si bien esta opción es frecuente en algunas zonas de América).
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en casa. Es válido prescindir del artículo con el sustantivo casa detrás de preposición: Voy a casa; Estoy en casa; Te llamo desde casa de mis padres. En algunas áreas del español americano (por ejemplo, la rioplatense) son incluso posibles expresiones como Te espero en facultad o Estaré en biblioteca.
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(el) tío, (la) mamá. Dependiendo de las zonas o las costumbres familiares, los nombres de parentesco pueden ir con o sin artículo antepuesto: Ha venido (el) tío Fernando. No hay razones para censurar ninguno de los dos usos, aunque es más general el empleo del artículo. Es más frecuente prescindir del artículo con mamá o papá (Ha llamado mamá), si bien el uso con artículo es también normal en algunas zonas.
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Interpretación de los posesivos. Los posesivos expresan relaciones de posesión (el reloj de Juan > su reloj), pero también de pertenencia, inclusión o atribución (la cumbre de la montaña > su cumbre), parentesco (mi tío, tu cuñada) u otras relaciones sociales (el jefe de María > su jefe), autoría (el poema de Juan > su poema), representación (el retrato de la duquesa de Alba > su retrato) y proximidad o uso (el asiento que corresponde a Juan > su asiento; el autobús que tomo > mi autobús), entre otras. También se utilizan para hacer referencia a la entidad que recibe la acción (la compra de la mercancía > su compra) o la que la lleva a cabo (la invasión de los bárbaros > su invasión).
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Uun libro de mí, pero un retrato de mí. En general, se rechaza en español el uso de los complementos encabezados por la preposición de con los pronombres mí y ti para expresar posesión o relaciones similares. Se dice, por tanto, un libro mío, no Uun libro de mí. En cambio, estos complementos preposicionales resultan naturales tras los adverbios (detrás de mí, encima de ti: ➤ G-133), así como en los casos en los que el posesivo expresa aquello que es representado, como en un retrato de mí mismo o una foto de ti (también tuya). Otros pronombres son normales en estos contextos (un libro de ella ~ un libro suyo), pero, mientras que en muchos países alternan construcciones como nuestra casa y la casa de nosotros, en España es infrecuente la segunda opción.
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Me duele la cabeza, no UMe duele mi cabeza. En español es normal evitar los posesivos en muchos de los casos en los que el elemento poseído no puede, en principio, pertenecer a otra persona, como ocurre con las partes del cuerpo: Me duele la cabeza (no UMe duele mi cabeza); Juan levantó la mano (no su mano, si es la suya propia); María arqueó las cejas (no sus cejas); Pedro se lavó la cara (no su cara), etc. El uso del artículo en lugar del posesivo se extiende a los nombres de objetos que forman parte de la esfera personal, como en Juan perdió el reloj, pero en estos casos se admite la alternancia con este: Juan perdió su reloj.
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su madre de Ana. Aunque en general se dice la madre de Ana y no su madre de Ana, en la lengua coloquial de algunos países es posible la segunda opción. Están más restringidas aún —geográfica y socialmente — construcciones con dos posesivos como Umi marido mío. Está, en cambio, más extendida la primera opción con el pronombre usted, como en su mamá de usted, construcción que se da incluso en registros formales en el español americano. En muchos de estos casos, la especificación del poseedor sirve para precisar la referencia de su, pues podría entenderse ‘de él, de ella, de ellos, de ellas, de usted, de ustedes’.
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la mi casa, esta mi casa. En el español actual está restringido a ciertas áreas el uso combinado del artículo y el posesivo, común en la lengua antigua en construcciones como la mi casa, frente a mi casa o la casa mía. Es más general, en cambio, la combinación de demostrativo con posesivo (esta mi casa), que, no obstante, suele asociarse a la lengua literaria.
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La culpa la tiene este. Puede considerarse despectivo, e incluso ofensivo, el uso de los demostrativos en muchos de los contextos en los que debería usarse un pronombre personal u otra expresión: La culpa la tiene este (por él); Esta no sabe lo que dice (por María, esta chica…). Más inadecuado aún es el uso de esto (neutro) en referencia a una persona.
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este y aquel en referencia a elementos anteriores en el texto. Los demostrativos se pueden utilizar para hacer referencia a elementos anteriormente mencionados en un texto. En caso de que se haga referencia a dos elementos citados anteriormente, se usa este para el más cercano (es decir, el último mencionado) y aquel para el más lejano (esto es, el primero mencionado): Los políticos deben escuchar más las opiniones de los ciudadanos. En algunas cuestiones estos pueden estar más al día que aquellos.
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Este es mi bolígrafo, frente a Esto es mi bolígrafo. Mientras que en una construcción como Este es mi bolígrafo se entiende algo similar a ‘este bolígrafo es mío’ (es decir, se da información sobre un determinado bolígrafo), en Esto es mi bolígrafo se estaría interpretando algo similar a ‘esta cosa es mi bolígrafo’ (es decir, se identificaría qué es una determinada cosa).
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Numerales. Se recogen los numerales en el APÉNDICE 2. En el GLOSARIO se explican algunas cuestiones relacionadas con numerales cardinales particulares como cien(to) o mil. Sobre su escritura, ➤ O-240 y ss.
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el undécimo piso, no Uel onceavo piso. En algunos casos el numeral fraccionario y el ordinal pueden coincidir en su forma, como en octava parte (fraccionario) y octava planta (ordinal), o en un décimo (fraccionario: ‘una décima parte’) y décimo puesto (ordinal). No es correcto, sin embargo, usar el fraccionario como ordinal cuando estos numerales poseen formas distintas. Así, se debe decir el undécimo piso (ordinal; también el decimoprimer piso), no Uel onceavo piso.
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ambos y sendos. Se debe distinguir entre ambos (‘los dos’) y sendos (‘uno cada uno’). De esta manera, en Ambas opciones son válidas, sería incorrecto usar sendas con el sentido de ‘las dos opciones son válidas’. Para usar sendos es necesario que se entienda en el contexto que hay dos o más entidades, casi siempre presentadas antes, entre las que se distribuye lo presentado por sendos. Así, la oración María y Juan se comieron sendas hamburguesas es válida si se entiende ‘María y Juan se comieron una hamburguesa cada uno’ y Vimos a tres personas vestidas con sendas gabardinas es válida si se entiende ‘Vimos a tres personas que llevaban una gabardina cada una’.
RELATIVOS
- Los papeles que estaban encima de la mesa se volaron, frente a Los papeles, que estaban encima de la mesa, se volaron. Es conveniente distinguir las relativas del tipo de Los papeles que estaban encima de la mesa se volaron (llamadas especificativas), donde que estaban encima de la mesa aporta información necesaria para poder identificar a los papeles y así distinguirlos de otros, de las construcciones del tipo de Los papeles, que estaban encima de la mesa, se volaron (llamadas explicativas), donde que estaban encima de la mesa se añade como información no necesaria que ofrece un dato sobre unos papeles que sin esa información serían igualmente identificables.
- la casa en la que vive / la casa en que vive. Se admite la omisión del artículo en las relativas especificativas con las preposiciones a, con, de y en: el análisis a que lo sometió, la violencia con que lo trata, la delicadeza de que era capaz, los autobuses en que recorrieron la ciudad. La omisión es más rara con por (la razón por que quieres quedarte) y muy poco frecuente con otras preposiciones. La omisión no es hoy normal en las relativas explicativas. Así, se usará La pluma, con la que había escrito la carta, quedó inservible, y no La pluma, con que había escrito la carta, quedó inservible.
- el abogado en que confío, pero Uel hombre a que vi. Se admite la omisión del artículo cuando el relativo tiene función de complemento de régimen o circunstancial, pero resulta muy forzada —si no inviable — cuando es complemento directo o indirecto: el abogado en que confío o las cosas de que me hablas, pero el hombre al que vi o el candidato al que dieron el puesto (no Uel hombre a que vi ni Uel candidato a que dieron el puesto). Tampoco se acepta la omisión en casos como el libro del que solo pude leer el prólogo (no Uel libro de que solo pude leer el prólogo).
- el día que vino o el día en que vino. Es válido omitir la preposición y el artículo de complementos temporales en casos como el día que vino, que sería una opción tan válida como el día en el que vino o el día en que vino.
- en el lugar en el que solía dejarlo ~ en el lugar que solía dejarlo. En casos en los que se repite una preposición, como en Lo dejó en el lugar en el que solía dejarlo, lo normal es mantener la segunda, pero no se considera incorrecto, aunque es coloquial, prescindir de ella y del artículo: Lo dejó en el lugar que solía dejarlo. Esta omisión es aún más justificable, aunque también coloquial, en casos como Fíjate en el lío (en) que nos has metido.
- el hombre al que amo ~ el hombre que amo. En las relativas especificativas referidas a persona es válido prescindir de la preposición a del complemento directo: el hombre al que amo ~ el hombre que amo. En cambio, no se debe omitir la preposición con el complemento indirecto: Me junto con gente a la que le gusta beber, no UMe junto con gente que le gusta beber.
- Con Pedro es con quien vino Juan. Se recomienda repetir la preposición en las construcciones del tipo de Con Pedro es con quien vino Juan, opción preferible a Pedro es con quien vino Juan. También se considera preferible En ella es en quien menos confío, en lugar de Ella es en quien menos confío.
- Fue con Juan que vine. Aunque son menos frecuentes en España que en otras zonas, se consideran válidas construcciones del tipo de Fue con Juan que vine (en lugar de la más general Fue con Juan con quien vine); Fue en 1984 que nació (en lugar de Fue en 1984 cuando nació) o Es por eso que te lo digo (en lugar de Es por eso por lo que te lo digo). Esta construcción también es aceptable en preguntas del tipo de ¿Cuándo fue que te mudaste? o ¿Cómo fue que empezó todo?
- En quien menos confías a veces te sorprende. Es preferible evitar las construcciones en las que una relativa introducida por preposición tiene la función de sujeto como En quien menos confías a veces te sorprende. Para ello es posible añadir un antecedente: La persona en la que menos confías a veces te sorprende; Aquel en quien menos confías a veces te sorprende.
- UEra un lugar que recordaba haberlo visto en su juventud. En principio, no deben aparecer dentro de las relativas elementos que repitan la información de los relativos. Así, se deben evitar oraciones como UEra un sitio que recordaba haberlo visto en su juventud (donde que y lo tienen la misma función) o UHay una muchacha que, por lo que me cuentan, ella podría ser una buena candidata y emplear en su lugar Era un sitio que recordaba haber visto en su juventud y Hay una muchacha que, por lo que me cuentan, podría ser una buena candidata. No es incorrecta la repetición cuando los elementos aparecen con verbos distintos, como en Te voy a preparar algo que, si lo pruebas, te encantará.
- Uque su en lugar de cuyo. Debe evitarse el uso de que su en lugar de cuyo en los casos en los que el nombre que precede al relativo corresponde al poseedor de lo designado por el nombre que sigue a cuyo. Así, debe decirse Tengo un amigo cuyo hermano es arquitecto o Salía con una muchacha a cuya casa íbamos mucho en lugar de UTengo un amigo que su hermano es arquitecto o USalía con una muchacha que a su casa íbamos mucho. Esto no quiere decir que la secuencia que su siempre sea incorrecta. Es válida, por ejemplo, en casos como Me gusta el coche que su madre le regaló.
- Uel niño quien vino ayer, Uel niño el que vino ayer. El relativo quien no puede usarse con antecedente en relativas especificativas (➤ G-165) si no está precedido de preposición. No se debe decir, pues, UEl niño quien vino ayer se lo sabía todo en lugar de El niño que vino ayer se lo sabía todo o El niño con quien vino ayer se lo sabía todo. Esta restricción no se extiende a las relativas explicativas (Juan, quien vino ayer, se lo sabía todo) ni a las relativas sin antecedente (Quien vino ayer se lo sabía todo), pero sí a las construcciones con el que: UEl niño el que vino ayer se lo sabía todo, frente a El niño con el que vino ayer se lo sabía todo.
- que frente a el cual. En general, que y cual son intercambiables en las relativas especificativas construidas con preposición: los libros a los que / a los cuales me refiero; la persona sin la que / sin la cual no podría vivir. En cambio, se usa cual en lugar de que en casos como Tiene cuatro hijos, dos de los cuales son chicas (no UTiene cuatro hijos, dos de los que son chicas) o Acertó la respuesta, gracias a lo cual ganó el concurso; Sigo el consejo de mi profesor, según el cual es mejor hacer los deberes el día que te los mandan. Por el contrario, se debe usar que y no el cual en construcciones especificativas sin preposición como Vi una casa que no tenía ventanas (no UVi una casa la cual no tenía ventanas)…
…"
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